miércoles, 26 de junio de 2013

Felicidad.


Tantas ideas que a veces vienen, tantas ideas que al mismo tiempo se van, que no permiten que se vean reflejadas. La felicidad lo vuelve a uno despistado, egoísta y quizás, por qué no, hace que nos olvidemos de las preocupaciones, de las tristezas... que hace que las ideas se agolpen pero no salgan, porque estoy segura de que si me pongo a buscar las encuentro, pero claro, ¿quién tiene tiempo ahora para ponerse a buscar? estando como estoy entre papeles, delante de un examen o rodeada de unos brazos que me gusta decir que me pertenecen, de besos que se hacen míos...
Una vez leí algo parecido a esto: "No existe el concepto global de felicidad, existe ser feliz cada día, si pensamos en un concepto global de felicidad todo se cae bajo su propio peso" no sé si serán exactamente las palabras, la memoria es traicionera y, en la mayoría de los casos, no podemos fiarnos de ella. La cuestión es que a menudo pienso en esa frase y cada vez más creo que es verdad, que no puede existir un concepto global de felicidad, cada diccionario la define de una manera y cada persona la vive, la siente y la piensa de otra manera completamente distinta. La felicidad, per se, es un término subjetivo, aunque algunos se empeñen en querer hacerlo objetivo, que no joder que no, que la felicidad... ¿quién la define? ¿un diccionario? que no, que a mí me podrán decir lo que quieran, la felicidad para mí está en esos pequeños detalles que marcan la diferencia, en un beso robado, en un abrazo por la espalda, en un una caricia en la base del cuello, en su apoyo incondicional, que para mí la felicidad también está en mi familia, en el té caliente de todas las noches, en las canciones que escucho y me hacen reflexionar, en un gracias verdaderamente agradecido de un vagabundo que te pide comida y le regalas un bocadillo, en los baños en el mar que muy poca gente aprecia, sin saber lo que tienen realmente, en el sabor a sal de lágrimas felices, en sus sonrisas, en las mías, en que me haga reír todos los días, en que me haga olvidarme del mundo, luego volver y darme cuenta de que aunque he estado lejos nada se ha movido del lugar, en las miradas que lo dicen todo sin pronunciar ni siquiera una palabra, en los te quiero y en los te amo que me alimentan cada día y en las palabras, sí... en todas esas palabras que quiero escribir y que a veces, vete a saber por qué, no escribo, no porque no salgan sino porque no encuentro el momento.

Hoy por fin, lo he encontrado, me apetecía decir algo como esto, dejar claro que no podemos creer que todos pensemos que la felicidad es lo mismo, que no  podemos creer que haya un concepto global de felicidad, solo podemos esperar a ser feliz cada día, a alimentarnos de los pequeños detalles que marcan la diferencia día tras día, a vivir sabiendo que no puedes ser feliz según lo que diga una definición, pensar que ser feliz no es cuestión de palabras vacías, sino de momentos de completa plenitud.

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