domingo, 24 de marzo de 2013

El tiempo que queremos tener y no tenemos o nos sobra.




Hoy atisbo un resquicio de esa inspiración que me falta, quizás porque soy feliz, porque he conseguido encontrar aquello que siempre he buscado, quizás porque necesitaba un poco de terapia de este tipo, un poco de música, una página de word en blanco y las ganas irresistibles de escribir o quizás, simplemente sea por el hecho de que cada vez noto como pasa cada vez más rápido el tiempo, como las cosas van amoldándose al futuro incierto que nos espera, como nos lleva por un camino que tu nunca creíste, pero que sabes que es el mejor para ti. 
Llevo días pensando y, aunque sé que he dicho que el tiempo es un cabrón que nos viola a todos la elección de elegir con que intensidad queremos que pase, me he dado cuenta de que en realidad, no solo el tiempo tiene algo de cabrón, que quizás todos seamos un poco como él, bueno más bien gilipollas en lugar de cabrones, porque según como veamos las cosas, pensaremos que es o no es un cabrón de los que pocos quedan. Porque quizás una hora de clase se le hace a alguien eterno y otro se queda con las ganas de saber más y es que somos también unos tontos midiendo el tiempo, siempre midiéndolo, como si los relojes pudieran marcarlo, como si pudiera decirnos con qué rapidez se va a pasar una semana. Una semana son, según nuestra forma de medición 168 horas, pero... ¿y si para una persona esas 168 horas son como 300, esperando a que alguien se despierte en la cama de un hospital, o que pasa si para un padre que espera que su hijo conozca la luz de este mundo, 1 horas son el equivalente de 4 horas? 
Y es que el tiempo no se puede medir, es un cabrón, sí, porque siempre quiere ir más rápido de lo que queremos o porque a veces va más lento de lo que quisiéramos, pero nosotros somos unos inocentes, esperándonos más de él, que no nos puede dar más que eso, rapidez y en ciertas ocasiones un poco de descanso andando más despacio, que no espera a nadie, que es de esos que no tienen paciencia. Pero hay que aceptarlo, aceptar que crecemos, que cada día somos más mayores que el día anterior y que eso seguirá así durante el resto de nuestras vidas, que estamos corriendo una carrera y que mejor forma de hacerlo que disfrutándola a cada momento, sin dejar que el tiempo se interponga, jugando como mejor sabemos hacerlo, amando, siendo amado, sonriendo y dejando que te sonrían y riendo, siempre riendo.