sábado, 24 de marzo de 2012

Sobrevivir.



No soy una persona perfecta y tampoco pretendo serlo. Soy una persona normal, con pensamientos normales y mi nombre pasará al olvido en el futuro. He vivido poco y espero vivir mucho más y mientras tanto me gustaría disfrutar de lo que mejor sabemos hacer, de lo que mejor nos han enseñado a hacer, sobrevivir nos viene como cualidad de fábrica. Sobrevivir a los golpes y dificultades y hacer sobrevivir a las personas con los golpes y dificultades que tú vas a provocar, pero al fin y al cabo, sobrevivir. Lo hacemos cada día, a cada hora, a cada minuto,  a cada segundo, a cada paso… Porque en el mismo segundo en el que alguien duerme, otra muere en una cama de hospital o en la calle o quizás es asesinado. Porque en el momento en el que alguien duerme otra persona nace y otra no puede dormir bajo el frio de la noche sin mantas.
Porque podríamos ser nosotros, porque somos personas iguales, que podríamos padecer las mismas situaciones, insólitas, mortíferas o vitalicias, por eso, sobrevivimos. Por que andamos con pie de plomo en todo momento sin ni siquiera saberlo, porque a cada segundo nos exponemos a peligros que no sabemos o no creemos posibles, porque para que tu nombre pase al olvido solo hace falta hacer lo que haces en estos momentos… Porque al fin y al cabo, vivir, es sobrevivir.

domingo, 18 de marzo de 2012

Bajar una estrella.




Las luces de la calle se habían apagado y todo estaba en completo silencio y oscuridad, la calma se palpaba en el ambiente. La tranquilidad de la noche. Aquello le encantaba, siempre lo había hecho y cada vez que podía se sentaba allí, en la calle, por donde esperaba que no pasaran coches, la mayoría de las veces acertaba, otras, se arriesgaba. Miró el cielo encapotado de estrellas, aquella noche parecían relucir con más intensidad que otras, o quizás fuera ella, que aunque la vida no le iba mejor, parecía que aquellos días lo veía todo más fácil. Un poco de bipolaridad a veces sentaba bien.
Tumbada allí, intentando contar las estrellas, se dio cuenta de que era imposible, siempre te saltabas algunas o la contabas  más de dos veces. Así que, en lugar de contar estrellas, decidió que mejor sería intentar llegar a ellas, pero el intento fue tan fallido que en seguida se rindió, era imposible poder llegar a las estrellas de aquel  modo, tal vez desde otro lugar… Pensó en él, hacía tiempo que lo había dejado pasar, pero aquella noche había vuelto a llegar a ella la idea de lo fácil que serían contar las estrellas con alguien a su lado, o que tendría más oportunidades de alcanzar las constelaciones que tanto le gustaban con dos personas y no solo con una. ¿Le habría ayudado él? ¿Habría querido subirla a las estrellas o hubiera preferido barajársela? La luna, la luna era mejor ¿Y si le pedía que le bajase la luna? ¿No sería pedir mucho?
Llegó a la conclusión de que mucho o poco, él no estaría a su lado. No le bajaría nada, ni la ayudaría a subir. Y de repente, le hubiera gustado sentir su calor a su lado. Sentir su respiración y poner la cara en su pecho, para sentir su corazón, como late, con toda la vida que tiene. Y comprendió que aunque él no estaría dispuesto a darle nada, ella, como si nada, estaba dispuesta a darle todo. Porque le bajaría las estrellas, o trataría de hacerlo. Pero él no estaba y las estrellas quedaban lejos. Mejor las dejaba allí, tranquilas, en constante movimiento, únicas, inmutables...