jueves, 26 de enero de 2012

Acción-Repercusión.



-Toda acción tiene una repercusión.
No le creyó cuando lo dijo o quizás fuera que no quiso creerle, no creía en eso de que cada acción tuviera una repercusión, quizás hacías algo y al final acababa sin servirte de nada. Pero, después de su despedida se dio cuenta de que se equivocaba, de que aquello que le dijo era la verdad más cruel que había escuchado en su vida. No parecía muy complicado y no lo era. Volvió a repasar la frase. “Toda acción tiene una repercusión” cuánta razón en cinco palabras.
Pensó en los besos, los abrazos y las veces que se había dejado llevar creyendo entonces en su teoría, de que no, de que no toda acción tenía una repercusión, pero se equivocó. Ahora está con la cabeza hundida, entre las piernas, agarrándola con las rodillas para que no se estrelle contra el suelo. Porque siente que se cae, que no la puede aguantar, que el dolor que siente es superior al peso de su cuerpo y que si deja de agárralo se descompondrá, como un puzle al que han destrozado después de haberlo construido. Porque no pensó en la repercusión y ahora la atizaba de la peor manera, por todo el cuerpo, por toda su alma, que parece que quiere escaparse de su cuerpo porque siente que ya no es el suyo.
Y a base de aguantarse la cabeza y no una vez si no muchas aprendió que sí, que toda acción tiene su propia e independiente repercusión. Que cruzar la calle un segundo antes o un segundo después te puede cambiar la vida,  para bien, para mal o un poco para ambas cosa. ¿No puede ser algo bueno y malo a la vez? Ahora, cuando lo ha sentido, sabe que si, que puede serlo, que quizás siente lo malo, porque siente más dolor que bienestar, porque no sabe cuándo acabará la agonía, pero lo bueno es que nunca se deja de aprender de errores y, aunque aquello había sido un error más en su larga lista, la lección aprendida vale más que cualquier otra cosa.
Quizás ahora sienta que no se puede levantar que su cuerpo se caerá a trozos, que sus ojos se están ahogando en sus propias lagrimas y que siente que la cabeza no puede más, que quiere estallar, pero sabe que, un día, su cuerpo se repondrá, se volverá a levantar y se dará cuenta de que con cuidado y valor el puzle se habrá vuelto a construir y de nuevo podrá sentir que todo encaja.
Y aunque hay muchas acciones buenas con malas repercusiones, también las hay con buenas, porque no todo lo que haga será malo. Hará cosas bien y otras mal y habrá malas y buenas repercusiones. Pero lo aprendido no se pierde y ella aprendió que, Toda acción tiene una repercusión.

sábado, 21 de enero de 2012

Prométeme.



-Prométeme algo… prométeme que no te irás nunca.
-No puedo prometerte eso…
-¿Por qué no?
-Porque todos nos iremos algún día…
-Sabes a lo que me refiero… Prométeme que no me dejarás nunca.
-Tampoco puedo hacerlo.
-¿Es qué acaso pretendes hacerlo?
-En este momento no.
-Pero puedes hacerlo.
-Sí, puedo hacerlo. ¿Puedo preguntarte algo? ¿Por qué le tienes miedo al futuro?
-¿Le tengo miedo al futuro?
-¿No te habías dado cuenta? Lo planeas todo, porque te gustaría que todo saliera como a ti te gusta y no como tiene que suceder. Verás no puedo prometerte nada de eso porque, aunque no nos guste, todos nos iremos algún día y si, sé que no estás hablando de la muerte, es obvio que eso nos llega a todos. Le tienes tanto miedo al futuro que por pensarlo demasiado no disfrutas el presente que tienes entre las manos. Sufres y piensas más de lo que deberías, ¿crees que, si la gente pensara que se pueden morir de un segundo a otro, seguirían estudiando, trabajando, viajando lejos de su familia y sus seres queridos? ¿Crees que si pensáramos a todas horas que nos podemos morir en cualquier momento la gente disfrutaría de la vida? Nadie viajaría, pensarían: “¿Y si muero antes de subir al avión? ¿Y si se estrella cuando esté en el aire?”
Sin embargo no lo piensan y ¿sabes por qué? No, claro que no lo sabes, no lo piensan porque creen que, en lugar de pensar en el funesto momento en el que su vida se acabe, en el que no vuelvan a respirar, la gente piensa en el presente, piensan en que, en el momento que están, tienen que ganarse la vida, luchar por lo que quieren y conocer lugares del mundo que nunca nadie creyeron haber conocido. La gente no piensa tanto en el futuro, suelen estar más ensimismado con su presente que con algo que no saben cómo va a suceder. Ahora te pregunto ¿Puedes prometerme tú, a mí, que no me dejarás  nunca?
-Intentaría no hacerlo, intentaría no dejarte nunca.
-No te cansas de pensarlo. Eres una cabezota ¿sabes? En serio, no pienses en el futuro, no pienses en lo que puede suceder, ni siquiera pienses en lo que quieres que suceda, porque aquí los dos sabemos lo que quieres, dime ¿Puedes prometerme que no me dejarás nunca?
-…No…no. No puedo… Quizás tengas razón.
-Claro que la tengo, pero ¿sabes una cosa?
-No.
-Te prometo que ahora mismo te voy abrazar y a dar uno de esos besos de los que parecen que no acaban nunca.
-¿Aunque solo parezca que no acaba…?
-Sí, aunque solo lo parezca…