lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Feliz 2013!




Querido 2013:
Quería pedirte varias cosas pero supongo que no podrás hacer nada por complacerme en todos los deseos que te pida. Tu antecesor, el 2012, no se ha portado mal. Es cierto que he sufrido por personas, que he considerado amigos a aquellos que no lo eran, que he conocido a personas que me han alegrado la vida y a otras tantas que me la han amargado. También de este año he aprendido una gran lección, que creo que ya he dicho anteriormente: Hay que dejar a un lado a aquellas personas que te dificultan la vida y quedarte tan solo con aquellas que te la facilitan. Es cierto también que ha sido un año de cambios, de muchos cambios, de decidir mi destino según notas que marcan lo que puedo hacer o no y que hubo un tiempo que una sala para estudiar pareció convertirse en mi casa.
Al 2012 le pedí un poco de estabilidad, de paciencia conmigo, porque ahora es cuando empiezo a vivir y que no me fallara, y la verdad, he de decir, que no lo ha hecho. No me ha defraudado en nada, ha sido un buen año, no se puede negar. Sobre todo, porque ha aparecido él.
A ti, mi querido 2013, no te voy a pedir materialidad ni cosas imposibles de conseguir. Te pido que me permitas observar mejor a las personas, conocerlas y saber a quién considerar importantes para mi vida, porque no se puede dejar entrar a cualquiera en ella. Que las que ya lo están, se queden en el mismo sitio, no permitas que nadie los cambie de lugar. Que me des la oportunidad de conocer muchos lugares nuevos y que nunca había visitado. Que me ayudes, aunque ya tengo bastante su ayuda, a aceptarme cada vez más como soy, sin complejos ni quejas. Pasar un año más con todos los que me han acompañado a lo largo de mi vida y de este 2012 que ya dejamos atrás. Y sobre todo, te pediría que me dieras la oportunidad, la increíble oportunidad de seguir junto a él, a su lado. Que sea una parte mucho más indispensable de lo que ya es.
Muchas Gracias por todo 2012, bienvenido 2013. Espero ardientemente que seas un año increíble y fascinante por recorrer.

viernes, 28 de diciembre de 2012

¿Vida puta o puta vida?





La vida es puta, pero eso creo que ya lo había dicho antes. Es una de esas que se ponen en las esquinas con su falda más corta y esperan a que paren coches que le puedan dar dinero a cambio de un rato de falsa felicidad. Es de las que nunca duermen por amor a su trabajo, que siempre está despierta porque cree que es mejor no perder clientes.
Que porque normalmente vayan las cosas mal no significan que siempre vayan a ser de ese modo y que porque ahora la vida vaya de lujo, que crees que has encontrado la verdadera felicidad y no esa que la vida muchas veces ofrece a gente con la necesidad de sentirla, aunque sea falsa y se vaya en un soplido, no siempre seguirá así. Que puede que vuelva a ser una mierda, pero mientras disfruta por ser uno de esos millones de personas a los que la vida les da la oportunidad de ser feliz verdaderamente. La falsa vale tan poco como una sandia transgénica, manipulada genéticamente para que te la puedas comer en pleno mes de febrero, donde te paras a pensar: Este no es el tiempo de la sandía ¿no? Algo falla.
Y es que no hay nada mejor que un mal día con pinceladas de felicidad que te dibujan una sonrisa en la cara. Que la vida es de las putas aficionadas a su trabajo, que no descansan nunca y que si te puede hacer daño o ponerte retos te los pondrá, porque no estamos aquí para ser feliz continuamente, porque no existe un concepto global de felicidad, solo existe ser feliz a ratos, a momentos.
Me alegró de tener esos ratos de felicidad, que últimamente suelen ser continuos, vengan de la persona que vengan, pero si vienen de él mejor.

martes, 25 de septiembre de 2012

Presentación.




Hoy he asistido a la presentación en mi nueva facultad en la que este año y espero que los siguientes impartiré un grado en Criminología y Seguridad. Ha sido un día en el que he podido vivir muchas experiencias, ver la universidad por la que me moveré en estos años y escuchar las palabras que el decano nos dedicaba, no solo de tranquilidad, sino también de fuerzas y ánimos para lo que aun tenemos por delante. Nos ha incitado no solo a estudiar, sino a aprovechar esta oportunidad única  que se nos da y que hoy en día cada vez menos personas pueden compartir.
Me hubiera gustado que en la presentación hubiera alguien como en aquella que vi en un vídeo que alguien me mandó y con el que quedé gratamente satisfecha, en él Steve Jobs, uno de los creadores de Apple, una de las marcas más codiciadas hoy en día, narraba ante los alumnos de Stanford su vida en tres etapas, en tres historias que tituló de manera muy acertada. En la primera hablaba sobre unir puntos y en ella narraba su infancia y madurez, y como a través de una serie de puntos pudo encontrar la relación de su infancia con su madurez y juventud, enseñándonos una gran lección: debemos hacer todo lo que creamos importante puesto que nadie nos dice que lo que hagamos no lo podamos unir en el futuro con algún punto de este. En la segunda historia tuvo el placer de hablarles sobre el amor y la perdida. Con sus palabras nos adviertió de algo: las pérdidas pueden convertirse en ganancia. Nos da fuerza para que no nos cansemos de buscar aquello que realmente nos apasiona, aquello que realmente amamos, tanto laboral como sentimentalmente y nos recalca que cuando lo encontremos lo sabremos. Su tercera y última historia es sobre la muerte y con una fortaleza y vitalidad increíble es capaz de contarnos su experiencia con la parca, lo cerca que la vio y hasta qué punto llegó a pensar que había llegado su hora después de que le detectaran un cáncer del que al final salió ileso tras una intervención. Un año después estaba allí, con salud y con la experiencia más cercana a la muerte que había tenido nunca. Nos señala que aunque no lo queramos admitir todos le tenemos miedo a ese momento de la vida que a todos nos ataca y que nadie quiere abandonar este mundo y nos infunde la duda de que quizás la muerte es el mejor invento de la vida, porque retira lo viejo para dejar paso a lo nuevo.
Su discurso acabó con una frase que recomienda, siempre tengamos presente: seguid hambrientos, seguid alocados.
Tal vez sea un poco complicado pero trataré de hacerle caso. Resultará difícil, hoy en día no es mejor lo que amas, si no lo que da dinero, no es mejor lo que quieres, si no lo que te conviene. Por eso creo que en una sociedad tan sobrevalorada materialmente se necesita un poquito de honestidad, de honradez. Aprendamos a buscar aquello que nos apasiona y seguro seremos recompensados. Para que podamos decir que lo que hicimos nos ha ayudado a llegar a donde estamos.

Seguid hambrientos, seguid alocados.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Toda una vida.








He empezado a aprender hace poco tiempo y aun me falta muchísimo tiempo para hacerlo. Es cierto que este último a veces pasa más rápido de lo que quisiéramos, que a veces nos ahoga, que no nos deja respirar, que corre demasiado deprisa y que no te pide permiso ni siquiera para meterse en tu vida. Que es un capullo de los que hoy en día abundan pero al que no debemos tener miedo.
He aprendido mucho en poco tiempo, es lo que tiene el verano, eso de la libertad la mayoría de las veces, del trabajo en muchas tantas, pero de los momentos para madurar en todas ellas.
Y ya noto como pasa, como se va a cada segundo, como se marcha de nuevo, para dejarnos ante otros nueve meses. Para muchos habrá lo mismo, para otros cambiará todo. Habrá nuevas personas, nuevas oportunidades y aprenderemos a conocer y a reconocer.
Yo en poco tiempo he sabido conocer y reconocer bastante, tanto que ahora parece que tengo las ideas bastante claras. En dos meses he conocido a muchos tipos de personas, las que te hacen reír, las que te hacen sonreír, las que te hacen llorar, las que te alegran el día, las que te acompañan, las que te valoran, las que te aprecian, las que te ayudan, las que hacen todo por verte, las que no hacen nada, las que ni vienen ni van, las que vienen para quedarse, las que se fueron y volvieron, las que siempre se quedaran, las que se irán para no volver, las que sabes que volverás a ver, porque te lo dice algo, aunque no sepas bien qué. He reconocido a muchas en ese tipo de personas pero sobre todo he aprendido a diferenciar entre dos. Aquellas que te dificultan la vida y aquellas que te la facilitan. Olvida a las que te la dificultan, quédate con las que te la facilitan.
La vida resulta corta y aburrida cuando no la vivimos como queremos, por eso ahora sé que debo vivirla de la mejor manera que pueda, disfrutarla y compartirla, pero solo con quien yo quiera y este verano he conocido a varias personas que se han puesto entre las que me gustaría compartirla.

Gracias.

jueves, 2 de agosto de 2012

Miedo




Quizás lo que no quería decir es que tengo miedo, miedo de la vida y del tiempo.
La vida, tan hija de puta como ella solo sabe serlo, siempre nos promete cosas que no son y al final acaba saliéndose de la tangente del asunto para llevarnos, no solo a un camino que no nos gusta, sí no que además es posible que duela. Nos hace andar descalzos por un montón de piedras que nos lastima en la planta de los pies, pero no, no le damos la más mínima pena a la muy hija de puta, la lastima no se hizo para ella, se empeño desde un primer momento en plantarnos ante lo más difícil. Le tengo miedo a la vida porque además nunca avisa, siempre ataca sin ser vista y cuando nos damos cuenta ya la tenemos encima, acompañada como no, del tiempo. Sí, sí, el tiempo, ese que nos folla a todos o que mejor dicho nos viola, porque yo no le doy permiso para que pase tan rápido y es que hay veces que coge tanta potencia que sin darte cuenta ya han pasado años y tú te sientes igual como si en lugar de años hubieras pasado de un momento a otro. Es tan poco paciente que no espera a nadie, no hace nada para ayudar, siempre corriendo, siempre sin dejar de andar. Al muy cabrón se le da bien el atletismo y eso que nunca ha entrenado.
A la vida y al tiempo le pediría comprensión y paciencia, esto no acaba más que empezar.

lunes, 18 de junio de 2012

Espectáculo pirotécnico.



“-Me encantan los espectáculos pirotécnicos ¿No crees que son fantásticos?
-Creo que se parecen a nosotros, si lo pensamos, todos somos fuegos artificiales.”

Y es viéndolos cuando te das cuenta de que sí, de que se parecen a cada uno de nosotros. Y podemos relacionar las escalas de tiempo de duración y seguramente nos salgan tan dispares que no tengan ni pies ni cabeza, pero son instantes que se abren ante nosotros, sobre nuestras cabezas y que se acaban mientras cerramos los ojos. Contemplamos su ascenso, como crecen, explotan y acaban descomponiéndose, desapareciendo en el aire.
Todos tenemos un nacimiento perspectivo, y lo digo así porque cada cual tiene su opinión sobre lo que nace, y es mientras crecemos cuando vamos o no completando las perspectivas de los que las tenían. Poseemos un momento de triunfo total, cuando explotamos, cuando al fin nos sentimos realizamos y según diferentes perspectivas a algunos les parecerá una mierda de triunfo y a otros les parecerá el más bello de todos. Pero el triunfo es tuyo y de nadie más. Luego… luego seguimos, mirando hacia delante pero decayendo sin darnos si quiera cuenta, dejando que los demás disfruten del espectáculos y disfrutando nosotros de los espectáculos que ofrecen los demás. Después de desaparecer del cielo, el espectáculo observado queda en nosotros durante cortos instantes de tiempo, luego ya, no recordarás nada de la misma forma. Pasa lo mismo con la vida, al desaparecer quedamos en pocos y desaparecemos de muchos. Unos nos recordaran siempre, con muchos recursos para hacerlo, fotos, videos, palabras, efectos personales que no desaparecen… Pero sobre todo son los recuerdos los que más perduran en ellos. Los recuerdos que han almacenado del espectáculo y que quedarán intactos durante mucho tiempo, incluso sin que puedas verdaderamente saber por qué.

*La vida es el mayor espectáculo pirotécnico.*

jueves, 24 de mayo de 2012

Me aterra.



Siempre ha existido esa clase de momentos en los que te dicen, “vive cada minuto como si fuera el último” yo lo voy a reducir aún más, es mejor decir “vive cada segundo como si fuera el último”. La línea entre la vida y la muerte es tan corta que me aterra profundamente ese tipo de muerte que te deja con la palabra en la boca. Pero no le tengo miedo a lo que se sentirá después, siempre se ha dicho que se deja de sentir y punto, y digo, que falta de sensibilidad, pero es verdad, dejas de sentir, dejas de vivir.
En realidad mi miedo a la nada no es tan terrorífico como parece, estamos destinados a ello. El Carpe diem se inventó por alguna razón. Y es que, tengo más miedo a ese “último segundo” sin antes haberte sentido. Una forma de vivir en paz sería habiendo sentido tus labios  de nuevo, que no tienen nada de especial, pero que me gustan, más que nada.
No te pido el regalo más grande del mundo, si no el más simple de todos. 

viernes, 20 de abril de 2012

Instantes.



“Dicen que los lugares conservan la memoria de los instantes que vivieron quienes allí se amaron, quizá solo sea una locura, pero esta mañana necesito creer en ello”
La primera noche, Marc Levy.
Se quedó en silencio, callada, sin decir ni una palabra, las que acababa de leer en voz alta la habían dejado pensativa. A menudo, día tras día y sin haberlo sabido había estado llevando a cabo aquello que acababa de salir de sus labios. Todos los días al menos durante un minuto se había imaginado a aquella pareja de extraños felices que no reconocía bien.
Ella la miraba a él con adoración, él a ella como si no hubiera nadie más. ¿Quiénes eran? Él, pitillo en mano, dejaba que la chica le regañara por el humo. Ella, sonrisa en cara, se acercó para besarle, él lo aceptó gustoso, aquello le sabía mucho mejor que el chocolate. El banco en el que estaban sentados estaba mojado por la humedad de la noche y sentían su frialdad, se levantaron y caminaron, bajo las luces de las farolas que lo iluminaban todo en aquel momento, sabiendo que pronto se apagarían. Se quedarían a oscuras pero ¿Qué más daba? Se conocían de memoria para no fallar.
Aquellos momentos, aquellas horas, segundos y minutos llegaban a sus sueños y sus pensamientos a menudo casi todos los días sin poder evitar alejarlos, eran tan fuertes como el más potente imán. Una tarde al sol, un beso junto a una farola, un abrazo en cualquier sitio, un baño, una cena, comida, merienda, desayuno, un paseo en barco, planes que nunca llegaron a suceder, un viaje en avión, más de los contados con los dedos en autobús y multitud de objetos escondidos sin más valor que el de ellos mismos, más de cincuenta entradas de cine, de las excursiones al Zoo, cinco entradas a conciertos, osos de peluches, collares de plata y plástico, una patata como anillo que alguna vez le puso en el dedo, ropa que aun huele a él, flores marchitas secas entre hojas de libros, cartas, palabras, disculpas, un millar de fotos en papel colgadas en las paredes,  y un sinfín de envoltorios de caramelos, bombones y tabletas de chocolate, la más dulce de las tentaciones sin contarle a él.
Era ella, era la chica de sus recuerdos, la misma que estaba junto a él, pero un día se fue, y le dejó algo más que guardar, un bote lleno de lágrimas para que cuando las viera supiera todo lo que lloró por ella.
Se fue al mismo banco donde habían estado, quizá sea verdad que los lugares conservan la memoria de los instantes que vivieron quienes allí se amaron. Se sentó donde estuvieron, bote de lágrimas en mano y lloró, esperando que, donde estuviera, él pudiera sentir sus lagrimas. Quizá  solo fuera una locura pero aquella mañana ella también necesitaba creer en ello…



sábado, 24 de marzo de 2012

Sobrevivir.



No soy una persona perfecta y tampoco pretendo serlo. Soy una persona normal, con pensamientos normales y mi nombre pasará al olvido en el futuro. He vivido poco y espero vivir mucho más y mientras tanto me gustaría disfrutar de lo que mejor sabemos hacer, de lo que mejor nos han enseñado a hacer, sobrevivir nos viene como cualidad de fábrica. Sobrevivir a los golpes y dificultades y hacer sobrevivir a las personas con los golpes y dificultades que tú vas a provocar, pero al fin y al cabo, sobrevivir. Lo hacemos cada día, a cada hora, a cada minuto,  a cada segundo, a cada paso… Porque en el mismo segundo en el que alguien duerme, otra muere en una cama de hospital o en la calle o quizás es asesinado. Porque en el momento en el que alguien duerme otra persona nace y otra no puede dormir bajo el frio de la noche sin mantas.
Porque podríamos ser nosotros, porque somos personas iguales, que podríamos padecer las mismas situaciones, insólitas, mortíferas o vitalicias, por eso, sobrevivimos. Por que andamos con pie de plomo en todo momento sin ni siquiera saberlo, porque a cada segundo nos exponemos a peligros que no sabemos o no creemos posibles, porque para que tu nombre pase al olvido solo hace falta hacer lo que haces en estos momentos… Porque al fin y al cabo, vivir, es sobrevivir.

domingo, 18 de marzo de 2012

Bajar una estrella.




Las luces de la calle se habían apagado y todo estaba en completo silencio y oscuridad, la calma se palpaba en el ambiente. La tranquilidad de la noche. Aquello le encantaba, siempre lo había hecho y cada vez que podía se sentaba allí, en la calle, por donde esperaba que no pasaran coches, la mayoría de las veces acertaba, otras, se arriesgaba. Miró el cielo encapotado de estrellas, aquella noche parecían relucir con más intensidad que otras, o quizás fuera ella, que aunque la vida no le iba mejor, parecía que aquellos días lo veía todo más fácil. Un poco de bipolaridad a veces sentaba bien.
Tumbada allí, intentando contar las estrellas, se dio cuenta de que era imposible, siempre te saltabas algunas o la contabas  más de dos veces. Así que, en lugar de contar estrellas, decidió que mejor sería intentar llegar a ellas, pero el intento fue tan fallido que en seguida se rindió, era imposible poder llegar a las estrellas de aquel  modo, tal vez desde otro lugar… Pensó en él, hacía tiempo que lo había dejado pasar, pero aquella noche había vuelto a llegar a ella la idea de lo fácil que serían contar las estrellas con alguien a su lado, o que tendría más oportunidades de alcanzar las constelaciones que tanto le gustaban con dos personas y no solo con una. ¿Le habría ayudado él? ¿Habría querido subirla a las estrellas o hubiera preferido barajársela? La luna, la luna era mejor ¿Y si le pedía que le bajase la luna? ¿No sería pedir mucho?
Llegó a la conclusión de que mucho o poco, él no estaría a su lado. No le bajaría nada, ni la ayudaría a subir. Y de repente, le hubiera gustado sentir su calor a su lado. Sentir su respiración y poner la cara en su pecho, para sentir su corazón, como late, con toda la vida que tiene. Y comprendió que aunque él no estaría dispuesto a darle nada, ella, como si nada, estaba dispuesta a darle todo. Porque le bajaría las estrellas, o trataría de hacerlo. Pero él no estaba y las estrellas quedaban lejos. Mejor las dejaba allí, tranquilas, en constante movimiento, únicas, inmutables...

jueves, 23 de febrero de 2012

Castillo de ilusiones.



Cansada de la vida optó por vivir con los pies en el suelo, como nunca lo había hecho, porque su vida siempre había estado en las nubes, donde pudo construir castillos de ilusiones y sueños de cristal que coleccionar sobre la repisa de su habitación.
Se ha dado cuenta, quizás demasiado tarde, no lo sabe bien, de que aquello no le servía de nada. De que los castillos de ilusiones se rompían con cada decepción y de que los sueños de cristal se rompían con cada despertar.
Ha llegado a poner los pies en el suelo en el momento más difícil de la vida, donde parece que todo está un poco más lejos de la realidad, que está por allí, por las nubes, de donde le gustaría salir por completo, alejarse del lugar en el que, por mucho tiempo, ha estado viviendo.
-¿Qué haces aquí?-le preguntó, un viejo amigo de las nubes.
-Me cansé de estar allí, pero no veo nada mucho mejor por aquí.
-Las cosas están disfrazadas-le dijo-ahora suelen estar de carnaval la mayor parte del tiempo, pero tranquila, se pasará.
-Vine para poner los pies en el suelo y lo noto más blando que las nubes.
-Tranquila, ya lo tocarás, parece que es el momento de la gente de vivir más en las nubes que en la realidad, pero se pasará, todo se pasa…
Y en lugar de poner los pies en el suelo siguió construyendo castillos de ilusiones y sueños de cristal… “Más tarde” se dijo “cuando las nubes sean nubes y la realidad, realidad…”

jueves, 26 de enero de 2012

Acción-Repercusión.



-Toda acción tiene una repercusión.
No le creyó cuando lo dijo o quizás fuera que no quiso creerle, no creía en eso de que cada acción tuviera una repercusión, quizás hacías algo y al final acababa sin servirte de nada. Pero, después de su despedida se dio cuenta de que se equivocaba, de que aquello que le dijo era la verdad más cruel que había escuchado en su vida. No parecía muy complicado y no lo era. Volvió a repasar la frase. “Toda acción tiene una repercusión” cuánta razón en cinco palabras.
Pensó en los besos, los abrazos y las veces que se había dejado llevar creyendo entonces en su teoría, de que no, de que no toda acción tenía una repercusión, pero se equivocó. Ahora está con la cabeza hundida, entre las piernas, agarrándola con las rodillas para que no se estrelle contra el suelo. Porque siente que se cae, que no la puede aguantar, que el dolor que siente es superior al peso de su cuerpo y que si deja de agárralo se descompondrá, como un puzle al que han destrozado después de haberlo construido. Porque no pensó en la repercusión y ahora la atizaba de la peor manera, por todo el cuerpo, por toda su alma, que parece que quiere escaparse de su cuerpo porque siente que ya no es el suyo.
Y a base de aguantarse la cabeza y no una vez si no muchas aprendió que sí, que toda acción tiene su propia e independiente repercusión. Que cruzar la calle un segundo antes o un segundo después te puede cambiar la vida,  para bien, para mal o un poco para ambas cosa. ¿No puede ser algo bueno y malo a la vez? Ahora, cuando lo ha sentido, sabe que si, que puede serlo, que quizás siente lo malo, porque siente más dolor que bienestar, porque no sabe cuándo acabará la agonía, pero lo bueno es que nunca se deja de aprender de errores y, aunque aquello había sido un error más en su larga lista, la lección aprendida vale más que cualquier otra cosa.
Quizás ahora sienta que no se puede levantar que su cuerpo se caerá a trozos, que sus ojos se están ahogando en sus propias lagrimas y que siente que la cabeza no puede más, que quiere estallar, pero sabe que, un día, su cuerpo se repondrá, se volverá a levantar y se dará cuenta de que con cuidado y valor el puzle se habrá vuelto a construir y de nuevo podrá sentir que todo encaja.
Y aunque hay muchas acciones buenas con malas repercusiones, también las hay con buenas, porque no todo lo que haga será malo. Hará cosas bien y otras mal y habrá malas y buenas repercusiones. Pero lo aprendido no se pierde y ella aprendió que, Toda acción tiene una repercusión.

sábado, 21 de enero de 2012

Prométeme.



-Prométeme algo… prométeme que no te irás nunca.
-No puedo prometerte eso…
-¿Por qué no?
-Porque todos nos iremos algún día…
-Sabes a lo que me refiero… Prométeme que no me dejarás nunca.
-Tampoco puedo hacerlo.
-¿Es qué acaso pretendes hacerlo?
-En este momento no.
-Pero puedes hacerlo.
-Sí, puedo hacerlo. ¿Puedo preguntarte algo? ¿Por qué le tienes miedo al futuro?
-¿Le tengo miedo al futuro?
-¿No te habías dado cuenta? Lo planeas todo, porque te gustaría que todo saliera como a ti te gusta y no como tiene que suceder. Verás no puedo prometerte nada de eso porque, aunque no nos guste, todos nos iremos algún día y si, sé que no estás hablando de la muerte, es obvio que eso nos llega a todos. Le tienes tanto miedo al futuro que por pensarlo demasiado no disfrutas el presente que tienes entre las manos. Sufres y piensas más de lo que deberías, ¿crees que, si la gente pensara que se pueden morir de un segundo a otro, seguirían estudiando, trabajando, viajando lejos de su familia y sus seres queridos? ¿Crees que si pensáramos a todas horas que nos podemos morir en cualquier momento la gente disfrutaría de la vida? Nadie viajaría, pensarían: “¿Y si muero antes de subir al avión? ¿Y si se estrella cuando esté en el aire?”
Sin embargo no lo piensan y ¿sabes por qué? No, claro que no lo sabes, no lo piensan porque creen que, en lugar de pensar en el funesto momento en el que su vida se acabe, en el que no vuelvan a respirar, la gente piensa en el presente, piensan en que, en el momento que están, tienen que ganarse la vida, luchar por lo que quieren y conocer lugares del mundo que nunca nadie creyeron haber conocido. La gente no piensa tanto en el futuro, suelen estar más ensimismado con su presente que con algo que no saben cómo va a suceder. Ahora te pregunto ¿Puedes prometerme tú, a mí, que no me dejarás  nunca?
-Intentaría no hacerlo, intentaría no dejarte nunca.
-No te cansas de pensarlo. Eres una cabezota ¿sabes? En serio, no pienses en el futuro, no pienses en lo que puede suceder, ni siquiera pienses en lo que quieres que suceda, porque aquí los dos sabemos lo que quieres, dime ¿Puedes prometerme que no me dejarás nunca?
-…No…no. No puedo… Quizás tengas razón.
-Claro que la tengo, pero ¿sabes una cosa?
-No.
-Te prometo que ahora mismo te voy abrazar y a dar uno de esos besos de los que parecen que no acaban nunca.
-¿Aunque solo parezca que no acaba…?
-Sí, aunque solo lo parezca…