lunes, 18 de julio de 2011

Hipocresía...


De nuevo me siento forzada a explicar algo. Puede que no todos opinemos lo mismo, pero hoy me he visto de nuevo en la obligación de consultar una palabra en el diccionario de la Real Academia Española y compararla con mi propia opinión.

La RAE describe la palabra hipocresía como: Fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan.

Y  yo me siento en la obligación de contraatacar aunque esta vez quizás con menos fuerza, porque aunque en la mayoría de las veces las opiniones sobre las palabras -que aparecen en estos grandes tomos, que todos podemos encontrar en los colegios, bibliotecas, alguna que otra casa y muchos más sitios y en los que todos nos hemos dispuesto a buscar alguna palabra que otra entre sus páginas-, son totalmente contradictorias a las definiciones que cada uno tiene. Pero hay excepciones en las que parece que tu opinión y la definición están dispuestas a participar la una con la otra, es solo, que mi opinión es mucho más extensa que la escueta explicación que dan para esta gran palabra que es la hipocresía.

Todos, en algún momento que otro de la vida nos volvemos hipócritas. La diferencia es que hay gente que lo son desde que nacieron, y crecieron y lo enseñaron a ser de esa singular manera y hay otras personas, entre las que tengo el honor de encontrarme, que solo lo son en ocasiones puntuales y quizás resaltables. Porque sí, todos nos volvemos un poco hipócritas en función de la situación o de los sentimientos que llevemos dentro. Haber, pongamos un ejemplo claro, sentimos algo, un sentimiento que parecemos incapaces de nombrar delante de la persona que te lleva a sentirlo o delante de alguna otra persona que te está incitando a que le cuentes parte de lo que tu corazón parece no querer soltar. Nosotros, influenciados por nuestra conciencia, en lugar de decir, no se… “Te quiero”, “te odio”, “no te necesito”, “te necesito demasiado” o más cosas como “Eres mi mejor amiga/o” “Nunca te dejare sola/o”. En lugar de soltar eso, de expresar nuestros verdaderos sentimientos, tendemos a ocultarlos. No sé porque se da esa… ¿cómo decirlo?, ¿obligación? No, desde luego no es una obligación albergarlos y no dejarlos salir… Decisión, esa es la palabra que buscaba.  Tomamos cuando queremos y como nos place la decisión de decir, esto no sale de aquí, lo voy a dejar allí dentro, donde guardo los demás sentimientos y los voy a amontonar, al igual que tengo a los demás. Es entonces cuando en lugar de decir lo que realmente queremos decir, lo que realmente nuestro corazón tiene la necesidad de expresar, cuando mentimos y decimos otra cosa completamente distinta o decimos completamente lo contrario, convirtiéndonos en unos auténticos hipócritas.

Los hipócritas de cuna, los que nacen siéndolos, ya sea por una razón o por otra, crecen mintiendo, ocultándose tras una careta, diciendo cosas que realmente no saben hacer con cualidades que quizás ni siquiera existen y ocultando su realidad, lo que realmente son y se dejan engañar por alguien mucho peor que las personas que la rodean, esas personas lo peor que tienen, es que suelen engañarse ellas mismas, sin darse ni siquiera cuenta. Se creen tanto la irrealidad de lo que son, las cualidades y sentimientos fingidos que usan para cautivar de una manera totalmente irracional a todo aquel que los rodea que acaban creyendo que son aquello que no son en realidad y caen en picado a una espiral sin salida de mentiras y falsedades.
Me dan pena estas últimas clases de personas, porque no saber realmente quien eres debe ser una de las peores cosas que te pueden poner delante, igual que algún día dije sobre la palabra madurar. ¿Y en qué consiste si no la madurez? ¿No consiste en saber encontrarse, conocerse, perdonarse y saber quererse a uno mismo, perdonar todas las cosas que hicimos mal en su día y de lo que, aunque nos arrepintamos, solo podemos aspirar al perdón de uno mismo? La diferencia, es que, aunque en tu madurez aprendas a hacer todas esas cosas, encontrarte a ti mismo, aprender a decir quién eres y no tener vergüenza de ello, las personas hipócritas de cuna no lo aprenden. Parece que la palabra madurez se queda un poco lejos de sus expectativas y se la pasan por alto en el momento más ideal, dejando de lado, saber quiénes son y que saben hacer o no, lo que pueden decir de ellos y lo que pueden decir de los demás. Se siguen engañando se una manera tan brillante, que a veces somos tan gilipollas que incluso creemos sus mentiras. Lo hacen de una manera tan brillante y espectacular, que a veces no conocemos a la verdadera personalidad de la persona, si no a esta, disfrazada de lo que ella misma quiere ser, pero no es…

3 comentarios:

  1. El diccionario es muy limitado (aunque no por eso deja de ser una gran herramienta). No contempla infinidad de elementos, y obviamente que se ve influenciado por razones digamos políticas... ya que lo escriben instiituciones, como la RAE.

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  2. Pues tienes toda la razón, en la mayoría de los casos el diccionario se queda corto... Bss!!

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  3. Don Quijote soy y mi profesion la de andante caballero,son mis leyes las de deshacer entuertos,prodigar el bien y evitar el mal,huyo de la vida regalada ,de la ambicion y de la hipocrecía y busco para mi propia gloria la senda más angosta y dificil.¿Es eso de tonto y mentecato?.....Besos Lucia.

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