jueves, 30 de junio de 2011

Traicioneros...

No sabía por qué corría, ni hacía donde lo hacía y tampoco quería saberlo, temía que el lugar al que quería llevarla su subconsciente de una manera tan atronadora, como si la presión no aguantara más en su cuerpo, fuera un lugar que hubiera quedado prohibido para ella. Pero a veces hasta los lugares más prohibidos nos llevan hacía ellos como si fuéramos imanes con una fuerza incontrolable.
Se quedó en silencio cuando de nuevo se vio allí, en aquel lugar, en el mismo lugar en el que estuvieron, no la primera, pero si la segunda vez que irremediablemente quedaron para estar juntos. Se sentó en el césped y se abrazó las piernas a ella misma, recordando cada mísero detalle que los rodeo. Intentando recordar cada trozo de césped cortado que estaba a su alrededor y todas las hojas secas, a causa de la inminente calor, que él había introducido en el bolsillo derecho de su pantalón corto vaquero que desde la mañana había llevado puesto. Recordó el poco resto de saliva que él había dejado en su camisa cuando, divertido, había acercado su boca a su barriga y había hecho sonar uno de esos pedos con la misma boca que más tarde la besaría. Recordó también el pequeño agujero de su vieja camiseta desgastada, que ella le señaló. Recordó sus propios dedos entrelazados en su pelo, largo,  que días más tarde se cortaría, aunque a ella le gustaban así. Le gustaba sentirlos entre sus dedos y amasarlos de la forma que solo ella quería para que de alguna manera solo perteneciera a sus manos y no a las de nadie más. Recordó entonces todos los demás rasgos de su cara. Su nariz, esa nariz que también se había llevado algún beso que otro. Su boca, bueno, eso prefirió no recordarlo, pensar que nunca más la besaría le causaba una extraña y desagradable presión en la parte central de su pecho y una asfixia que no la dejaba respirar bien. Sus mejillas, rojas, sus ojos castaños a la sombra, verdes al sol que tanto había mirado a los ojos de ella. Se acordó entonces de las miradas a los ojos, como si solo con eso entendieran lo que se querían decir, solo que en realidad no lo hacían, pero a ella le encantaba mirarle a los ojos, en realidad le encantaba hacerlo mientras miraba también a su boca, a sus labios carnosos, a los que quería besar siempre de una manera frenética.
Irremediablemente le vino a la cabeza todo lo demás que habían pasado juntos, aunque no hubieran sido muchos momentos, mejor que no lo hubieran sido, más tarde hubiera sido más difícil, más insoportable. Pensó en la playa, en la arena, en el baño, en sus manos por su espalda, por su pelo, que al parecer tanto le gustaba. Recordó sus propias manos en su ojo, mientras se lo acariciaba porque algún grano de cualquier cosa se había introducido allí y parecía que no quería salir. Y mientras, él tocaba su espalda con una mano, su pelo con la otra y los dos parecían estar en una especie de duermevela de la que no podrían levantar.
 Recordó sus besos en medio del bullicio, mientras la música sonaba a todo volumen a su alrededor. Pudo recordar lo que sintió cuando la atrajo hacía el, pegándola a su cuerpo y abrazándola por la parte baja de su espalda, con su cabeza en el hueco de su cuello, al igual que ella hacía. Luego prefirió no recordar más, creía que ya había sido suficiente, que ya había tenido su ración por aquel día. Aquel día que la nostalgia que no debería de sentir la había embargado y parecía no querer marcharse. Pero después de aquello, de despertar de su pequeña ensoñación, llena de recuerdos, se vio de nuevo abrazada a sus piernas y solo entonces pudo sentir las lagrimas que corrían por sus mejillas, en un intento por escapar de sus ojos y quedar lo más lejos posible de allí. Rápida, se limpió aquellas extrañas lágrimas, que nunca debería haber soltado, con la camiseta que llevaba y se dispuso a marcharse.
Hay una frase de una película que le recordó bastante lo que acababa de hacer, eso de que los recuerdos llegaran de golpe y sin avisar.
“Cuando una historia termina el dolor, normalmente, es proporcional a la belleza del amor vivido. Y entonces, llegan puntuales a traición, los recuerdos”


4 comentarios:

  1. Con la boca abierta me has dejado, es que cada nuevo texto supera al anterior Lucia, genial en serio:D

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  2. Quizás los recuerdos son solo sueños que el alma tiene guardados...

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