lunes, 2 de mayo de 2011

¡Ahora sí!


¿Miedo? No, no creía que fuera eso, desde luego que no era miedo, era algo más… no lo sabía con exactitud.
Llegó allí, expectante y con los ojos bien atentos por si, de casualidad, lo veía entre toda aquella aplastante multitud, que saltaba, reía, otros se besaban o se abrazaba y otros simplemente conversaban y reían con una relación de simple amigos o con algo más ocultado bajo la sombra de amistad.
Ella hablaba y reía con sus amigas como siempre hacía, pero además, no solo hacía aquello, si no que de vez en cuando, miraba por encima de las cabezas de las demás, buscando una que sobresaliera entre las otras, pero no la encontró. Actuaba como siempre, con la normalidad que siempre aparentaba, pero con la extrañeza que en realidad la inundaba.
De pronto lo vio, no supo cómo fue, pero se chocó con él de frente, como siempre, la casualidad nunca fue el fuerte de ambos. Siempre se encontraban en los lugares menos oportunos. Ni  siquiera se dio cuenta de su presencia, hasta que él la cogió del brazo y la saludo mientras le plantaba dos suaves besos en las mejillas, sonrosadas por el calor que la inundaba, no solo por el inoportuno encontronazo, sino también por bochorno que hacía allí dentro.
Se esperaba que fuera otra cosa, no esperaba que fuera como aquello, porque no sintió lo que solía sentir siempre, el corazón ahora no iba tan rápido y no pareció que se iba a quedar allí, nadando en sus ojos, que aunque no tenían el color del mar, era el mejor lugar para hacerlo. Antes se lo parecía y se lo seguía pareciendo. Pero había entendido algo, algo que quizás cambiaría su presente y su futuro, el pasado ya no existía no se podría cambiar. Entendió que desde ese momento ya nada sería igual con aquella persona que tanto dolor le había infundado durante mucho tiempo, con aquella persona  que hacía que sus días mas cálidos se volvieran  los más fríos y con la que siempre pensaba un futuro que nunca llegaría.
Se fue dejándole allí, aunque hubiera querido quedarse, quedarse hablando con él hasta que todo el mundo se fueran y se quedaran solos ellos dos, he incluso no haría falta que se fuera el bullicio, desaparecería en solo dos palabras. Pero se fue, lo dejo allí, con su sonrisa, no con la de siempre, era distinta, ahora enseñaba los dientes, como ella siempre le dijo, y sus ojos infundaban cariño. Ella se fue dedicándole una de sus mejores sonrisas.
Entendió que no hay que luchar ni por un futuro, ni por un presente que no tendría, si no que había que luchar por el presente que se le daba y si podría tener. Por eso entendió que aunque todos tenemos sueños, armas escondidas bajo el brazo para saber destacar, encantos y demás cualidades, a veces hay que saber no sacarlos al exterior, hay que hacerlo poco a poco  y de la mejor manera posible, pero siempre dejando ver lo que realmente eres.
Se fue con una sonrisa, entendiendo que ya no habría más dolor, aunque bueno, el dolor siempre fue opcional, sabía que lo habría y que no tardaría en aparecer, pero esta vez trataría de no sacarlo al exterior y dejarlo encerrado en el fondo del cajón que era su corazón.
Se dio cuenta de una frase que en algún momento escuchó en alguna película que le llamo verdaderamente la atención por su contenido y la gran razón que parecía tener, al menos eso pensaba ella:
“Y cuando menos te lo esperas, cuando crees que todo va en el sentido equivocado, que tu vida, programada en cada mínimo detalle está naufragando... de repente, sucede” (Perdona si te llamo amor)
Y entonces decidió eso, que esperaría a que sucediera aquello, pasara lo que pasara, lo esperaría. Mientras, naufragaría por algunos que otros mares, ciudades y por donde hiciera falta hacerlo, pero no dejaría que su vida estuviera programada y que nada fuera en el sentido equivocado… simplemente esperaría aquel repentino suceso…

12 comentarios:

  1. hola me gusto mucho este relato :)

    te invito a mi blog y me dices si nos seguimos :D

    ResponderEliminar
  2. Wow, ¡qué lindo texto! Me hizo acordar a algo que me pasó a mí jajaja
    Besos

    ResponderEliminar
  3. me encantó *_* yo también lo haré :D

    ResponderEliminar
  4. Qué preciosidad de texto Lucía, esta vez te has superado, y la parte final con el pasaje de Perdona si te llamo amor, genial!


    Besos!<3

    ResponderEliminar
  5. Me gustó muchísimo. ¡Qué lindo es vivir sin esperar nada, solo con la ansiedad de sorprenderse en cada vuelta de la esquina!

    ResponderEliminar
  6. ..aveces la nostalgia es tan grande en los corazones que hacemos cosas que no deberiamos hacer.. pero creo que algunos usan mi filosofia la cual es "asi no debas llamar ni buscar a la persona, si tu piensas que lo mejor es hacerlo asi ella tenga la culpa de todo, debes hacerlo ya que por el contrario puede que te termines arrepintiendo" y luego lo lamentes.. siempre viviendo de momentos, solo momentos..

    ResponderEliminar
  7. Ya estás en El Semillero de Blogs.
    Pasaba simplemente para comentartelo y agradecerte por interesarte en la propuesta.
    Sos bienvenida siempre que quieras a leer y comentar (aunque sea con un "hola, pasé").
    Si creas una entrada o un enlace sobre el blog, se agradece que nos lo hagas saber.


    Saludos

    ResponderEliminar
  8. Me gusta tu blog. Y me gusta la gente que escribe largas entradas en su blog.
    No he leído nada aún pero voy a seguirte a ver qué tal ;)

    ResponderEliminar
  9. La vida sin ilusión no seria vida.Sueños,ilusiones,deseos...cuanto amor hay en tu interior Lucia.Besos.

    ResponderEliminar
  10. Jo Lucía, muchas gracias :) Claro que puedes cogerlas, cuando quieras. A mí también me gusta mucho tu blog, como han dicho antes, eres una pequeña escritora. Sigue así porque vas por muy buen camino. ¡Un besito!

    ResponderEliminar
  11. Que gran entradaaa!!! ^^ me ha encantadoo! hacía tiempoq ue no me pasaba! pero ya estoy de vuelta!! me ha encantado! te quedo superbonita! ^^ Bueno, un beso muy grande!! te espero por mis blogsss!! ;D

    ResponderEliminar