domingo, 17 de abril de 2011

Por inercia...


Lo leyó como veinte veces, la primera, cuando lo encontró doblado y con su nombre bajo su almohada. No había escuchado nada, no sabía quién se lo pudo haber dejado allí, ni siquiera tenía una ligera idea.
Lo leyó, releyó y a la única conclusión a la que llegó es que, el texto tenía razón y que le gustaba mucho lo que decía. No saber lo que hacer se quedó corto para ella, que se encontraba mal, dolida y solitaria ante el mundo que la envolvía.
Una idea le llegó a la cabeza, de forma fugaz y rápida. Pronto la descartó, no podía ser de aquella persona que imaginaba. No podía ser, porque esa misma persona hacía varios días le había dicho que no volviera a buscarle, que lo dejara estar, que no podían seguir con aquello que simplemente, por escasos meses, la hizo, feliz.
Se levantó de la cama, que estaba húmeda de tanto llorar. Se asomó por la ventana, siempre le había gustado aquel paisaje con vistas al mar, que se presentaba tranquilo aquella mañana, con sus olas y sus movimientos habituales. Siempre que no sabía lo que hacer se sentaba allí y lo observaba. Lo peor, es que últimamente solía estar todo el día allí sentada y aquel mar, que siempre le dio todas las respuestas, ahora parecía que no quería dárselas, que había cerrado la boca para que ella sola encontrara las respuestas a todas sus preguntas. Pensar en él la dejó aturdida y mareada, si aquella carta, si aquella nota, más bien, hubiera sido de él, ¿Qué quería decirle? Lo único que había entendido es que, la persona que escribió aquello estaba dispuesta a empezar de nuevo, a intentar de nuevo algo, pero ¿qué?, la respuesta llegó rápida, no tenía la mas remota idea.
Quizás quería que lo buscase, quizás se hubiera arrepentido o quizás no y todo aquello que le dijo no era más que una mentira que se había inventado por ella, por su supuesto bien, sin reparar en las consecuencias que aquello podría traerle. Quizás pensó que una vida sin él, era la solución a la felicidad de ella, pero sabía que aquello no era así. Que él no fuera como ella, que no fuera el tipo de personas que los demás esperarían para ella, no quería decir nada, ella si lo quería, como a nadie. Sintió la tremenda sensación de buscarle, las ganas le recorrieron el cuerpo pero… estaba segura de que no había sido él, que él no había depositado aquella nota allí, no podría haberlo hecho, ¿Cómo?
De pronto lo vio claro, ¿Quién si no? No sabía el nombre de la película cuando la vieron, pero… sí, se acordaba de aquello, de aquel texto, de aquellas palabras, se acordaba de aquella película. No sabía cómo podría haber entrado pero… supo que era él.
Salió corriendo, no tenía mucho tiempo, quería llegar lo más rápido posible y su casa no quedaba cerca de la de él. Estaba sola, como siempre, aquello era lo normal. Corrió como no lo había hecho nunca. Una fina lluvia empezó a caer bajo su cuerpo, bajo su alma, bajo su alegría contenida. No paró de correr, nunca hizo aquel camino corriendo, era más largo de lo que imaginaba, pero también llegó más pronto de lo que pensó jamás. Quizás fueran las ganas, quizás fuera aquella emoción y vitalidad que de pronto le había recorrido todo el cuerpo. No sabía si él había dejado aquello allí, a su lado, junto a su cabeza, pero si había entendido que lo iba a intentar de nuevo, que todo lo que habían tenido no se podía acabar así de fácil, no de aquella manera.
Llegó cansada, jadeando y sin poder respirar, se puso en el suelo, de rodillas, intentando encontrar de nuevo aquel aire que le faltaba, lo encontró pronto, cuando miró al frente y lo vio, allí, sentado. La fina lluvia se había convertido en un gran aguacero y estaba calada hasta los huesos, él, también. No pareció importarle estarlo.  Al verla, sonrió, una de sus mejores sonrisas, se levantó, pero ella lo hizo más rápido, había sido él, no cabía duda. Se levantó y, aunque aun  intentaba recuperar el aliento, corrió hacía él y salto encima suya. Se abrazaron con una fuerza con la que jamás habían hecho nada.
-Creía que no lo entenderías-le dijo él.
-Y me ha costado, pero… aunque no hubieras sido tu… lo hubiera hecho de todas formas. No estaba dispuesta a perderte. He dado riendas sueltas sabes… y por fin he llegado al lugar al que pertenezco.
Siguieron abrazados entre besos y miradas cautivadoras. Sin darse cuenta, ella dejo caer un papel, estaba mojado y con la tinta del bolígrafo un poco corrida, pero aun se podía leer. Decía:
“Por inercia estaba dispuesta a intentarlo de nuevo. Un poco magullada, un poco más humilde        y en el mejor de los casos, algo más astuta. Creo que escribimos nuestras propias historias y…   cada vez que pensamos que sabemos el final… no es así. Quizás la suerte existe en algún lugar entre el mundo de la clarificación, el azar y la paz que surge al saber… que tú no puedes saberlo todo. En ese sentido, la vida es extraña, una vez que das riendas sueltas, lo probable es que acabes en el lugar al que perteneces…”
La película: “Las ex-novias de mi novio”

4 comentarios:

  1. oh que bueno! nunca ví esa peli, quiero verla :D

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  2. Respira y que comience la función...,no te comprometas de más si no estás absolutamente segura.BESOS LUCIA.

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  3. Hola Lucía! Gracias por seguir mi blog desde hace tanto, espero que sigas entrando, porque eso me da mucha fuerza...

    Seguiré lo que escribes,y recuerda: sientas lo que sientas, escríbelo!

    Un beso!

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