sábado, 9 de abril de 2011

Historia de una perdición...


Se sentó allí, en aquel banco que tantas llegadas y despedidas había presenciado. Allí, justo en frente de aquella inmensa cristalera, como si fuera a ver una película de cine o, mejor dicho, como si ya la estuviera viendo y las lagrimas ya hubieran empezado a brotar por sus ojos.
Se sentó allí y vio como aquel avión que despegaba en ese momento alzaba el vuelo, rápido, veloz, como si fuera un pájaro con unas ganas inmensas de libertad, como si no quisiera otra cosa que salir de allí, quitarle a alguien lo que quizás siempre le había dado fuerzas y ánimos en la vida. Ahora que el avión estaba lejos, que solo parecía una pequeña figura en aquel inmenso cielo, que se presento gris aquel día, como una señal de mal augurio, ahora que estaba allí, se sintió sola, vacía, ¿Qué hacer ahora? La dejó con todas las expectativas sobre un futuro que ella sola había creído capaz de realizar y ahora sin embargo la cruel realidad la aplastaba como nunca lo había hecho nadie. Ya no habría nada de lo pensado, nunca pasaría aquello con lo que soñó tantas veces.
Esta vez se había ido para no volver o, al menos, eso había dicho al marcharse, no tenía claras sus expectativas de futuro. No, el nunca las tenía, jamás pensó en el futuro, en el mañana, ni siquiera tenía claro lo que haría de un día para otro, no, él nunca tenía claro nada.
Ella siempre fue la clara, el libro abierto, la que lo dejaba ver todo con sus expresiones, con sus manías, con sus defectos. La soñadora, la romántica, la que pensaba en el futuro y nunca en el presente, la que soñaba lo que, sin darse cuenta, ya tenía y la que todo lo tenía claro. La que estaba preparada para todo, para todo, sí, menos para aquello. Nunca le gustó que le desmoronaran en dos minutos todas sus expectativas. Él lo había conseguido, y no solo con un diez, si no con matrícula de honor, no solo había derrumbado su futuro, también lo hizo con sus sueños, con sus ganas de vivir, con la que siempre decía: “No, yo nunca estaré sola” y ahora se sentía el ser mas solitario del mundo.
Él, serio, tupido, ni siquiera dejaba pasar la luz a través de él, ni siquiera un rayo de luz. Nunca quiso planear su futuro, la niñez le había borrado todas sus expectativas y desde entonces nunca más pensó en ello, ni siquiera se quiso hacer una ligera idea. Simplemente vivía el momento, cada segundo, cada minuto, cada paisaje, color, brillo, cada rayo de todas de las luces, cada una de las estrellas del cielo, cada libro, cada palabra, cada gesto, cada letra, cada canción, cada viaje, cada hogar, cada persona… Lo vivía todo, con una vitalidad con la que nadie podría hacerlo y sobre todo, con la que no podría hacerlo aquella chica con la que tantos momentos había pasado. Pero se lo dejo claro el primer día, no creas en un futuro conmigo, le había dicho. Que ella lo pensara, no había sido culpa suya. Nunca fue de un lugar fijo, nunca supo mantenerse constante, era un itinerante. Nunca tenía nada fijo, ni casa, ni móvil, ni dirección, ni correo, ni ciudad, ni estación, ni si quiera tenía fija su vida, que parecía bambolearse de una manera casi suicida.
Él no hizo nada, ella lo hizo todo, sola. Ella, planeo un futuro, tan grande, tan inmenso, que bien podía ser el futuro de los dos. Ella se había dejado engañar, no por algo que él no sintiera, si no por algo que no tuvo que empezar a pensar. Se engaño al pensar todo junto a él, se engaño al pensar cada amanecer, atardecer, desayuno, almuerzo, merienda, cena, cada mañana en la cama, cada fiesta, cada noche especial, cada baño. Se engaño al pensar de todo con el…
Y ahora, ahora que se había marchado, que le quitaran todas sus cosas junto a él, pareció no gustarle. Y entonces como si de la nada apareciera, una conversación que tuvo con él en algún momento llegó a su cabeza, como si de una ráfaga de viento se tratase:
-¿Por qué eres así?- le dijo ella.
-¿Así como?-le respondió el, con otra pregunta.
-Pues así, siempre tan… no sé, distante, tan pegado al presente. Nunca me has hablado nada de tu futuro- le dijo.
-No tengo. Me lo quitaron-fueron sus últimas palabras, fin de la conversación.
Fue entonces cuando comprendió, que desde entonces ella nunca tendría futuro y que solo tendría presente y pasado como mucho…

9 comentarios:

  1. Olé, olé y olé!!!!!!!!!!!!!!!!!

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  2. que profundo...me fascinó la conversación fue como: O_O
    He podido "escaparme" y comentar :D

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  3. Qué bonito, es curioso el texto y la personalidad tan distinta que tienen ambos, me ha gustado mucho!:)

    un besoo(L)

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  4. "presente y pasado como mucho" es muy profundo todo esto, saludos. te sigo :D

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  5. Precioso, es uno de los textos más bonitos que he leído ultimamente :)
    Te sigo.
    Un besiito♥

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  6. Es preciosa esta entrada, y tu blog me encanta!! Gracias por pasarte por el mio :) Te sigo, vale¿? Un besaazo.

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  7. Hola Lucia,precioso texto.Decirte que el futuro en pareja tiene que ser compartido,nunca uno de los dos tiene que tomar las riendas...Besos.

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  8. Vivir y disfrutar del presente, es lo que hay que hacer, el futuro no terminade llegar.
    Un saludo
    Marian

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  9. ..hmm.. extraña historia tiene un nose que.. que uno no puede despegarse de ella

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