sábado, 22 de enero de 2011

Vacia...


Te recuerdo tanto que a veces me duele el pecho de forma persistente, no me gusta la sensación, es la contraria a la que me gusta sentir, a la que me gustaría sentir todos los días, o al menos una o dos veces a la semana, esa que te produce el cosquilleo en el estómago y hace que tu cabeza piense en todo menos en lo que tienes que pensar, lo que se siente es todo lo contrario, un vacio en el pecho, como un pequeño agujero hecho a base de esfuerzo y consistencia, lijado con cuidado y con precisión. Tengo ganas de meterme en el armario, es lo bastante grande como para dejar que me aloje en el. Quiero meterme en el quedarme allí dentro para evadirme del mundo, para desaparecer por un tiempo indefinido que me haga reflexionar sobre todo, me gustaría estar dentro, para pensar, llorar, reír o lo que salga en el momento. Me gustaría que el agujero desapareciera lo más rápido posible, la cuestión es que me he propuesto que no desaparezcas de mi vida, en realidad soy masoquista, me duele pensarte pero no quiero dejar de hacerlo, no es que no quiera, es que simplemente no dejo de hacerlo, siempre estás en mi mente de manera constante, ojala te fueras de ella al menos por unos minutos, pero cualquier cosa me recuerda a ti, incluso el ordenador me recuerda a ti, todas las charlas que hemos pasado, cada canción me recuerda a ti, cada texto lo comparo contigo, bueno contigo y conmigo, tratando que haya un nosotros en mi ilusión, un nosotros que es tan incierto que a veces me duele saberlo, soy tan masoquista que sabiendo que no puedo sigo intentando, tanto que sabiendo que no estás, creo que sí que estás. La cuestión es que me han enseñado a no rendirme a no dejar pasar las cosas a mi lado sin haberlas realizado si quería hacerlo, y aquí estoy sabes, con cada vez menos posibilidades y cada vez mas desganada, pero aquí estoy sabes… sigo intentándolo…

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