martes, 21 de diciembre de 2010

Entonces...

Entonces… después de rendirte muchas veces, llega alguien que siempre ha estado ahí, y que te ayuda y da fuerzas para que no te rindas, y es en ese momento cuando ves que si que puedes tener una segunda oportunidad, que a ti te dan los palos, pero que es hora de que tu también los des, que la vida no te va a castigar por intentar hacer las cosas bien, ni te ayuda cuando las haces mal, que solo eliges tu, que eres tu quien tiene que decir sigo o no sigo adelante, para que más tarde sientas renovadas tus fuerzas, nuevas fuerzas que son capaces de conseguir lo que te pongan por delante, esa sensación de ser tan fuerte como para comerte el mundo, con pan y agua para digerirlo todo, levantarte después de haber caído, después de  haber decidido no seguir adelante, pero hay alguien o hay algunas personas que te hacen ver que no, que no te puedes quedar a mitad del camino, que si has empezado, tu misión es terminar, que no vale la pena rendirse, si no luchar, luchar al máximo, hasta que tu cuerpo diga basta, pero llevarlo hasta el máximo posible, para conseguir lo que desees, las cosas no se te van a dar en la palma de la mano, las cosas y los retos están para que los consigas a base de pulso, de voluntad, de fe, de fe y de voluntad en el mundo pero ante todo en una sola cosa, más bien en una sola persona, simplemente en ti misma, hace unos días leí una frase que se me ha quedado marcada:  “Tal vez va siendo hora de cambiar, tal vez sea hora de hacerse responsable de una sola persona…”

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