sábado, 9 de octubre de 2010

la importancia de un nanosegundo...

A veces te preguntas por que la vida pasa tan rápida, y te recuerdas de niño, y te gustaría estar de nuevo allí, porque no te ves con cinco años, si no que primero te ves como un bebe, tan indefenso e inútil, pero sin embargo más protegido que nadie y nada entre los cálidos brazos de tu madre, y la ves, la miras, y te das cuenta de que será la persona que más te quiera en la vida, sin embargo muchas veces ni siquiera sabemos apreciar todo lo que hacen por nosotros, siempre lo he asociado a la adolescencia, pero supongo que solo nos pasa a unos pocos, otros quizás sí que sepan apreciarlo, supongo que cuando se crece te vas dando cuenta de todo. Todo esto pasa en un nanosegundo por tu cabeza, sin saber por qué, tal vez por el simple hecho de escuchar una canción o ver una foto, pero luego de ese cortísimo periodo de tiempo, si que te paras a pensar de verdad, la vida sería tan bonita desde esos brazos de tu madre, ni siquiera verías tu futuro, no verías la de tropiezos que te vas a dar, ni siquiera te dolerían los moratones de las caídas más dolorosas. Luego pasas a verte con unos cuatro o cinco años, te ves en una situación que te es muy familiar, con tus amiguitos y amiguitas el día de tu cumpleaños, o en una tarde de verano con todos tus primo y primas, o quizás en unas Navidades con tu familia, allí sentados junto a la chimenea y al árbol de navidad mientras tu padre  te saca una foto. Te ves así, tan pequeño, tan ingenuo ante todo, sobre todo ante los problemas, porque no tienes ninguno, quizás tu mayor problema es que a tu muñeca se le haya acabado las pilas y no tengas de recambio para poder jugar con ella, pero tu padre siempre te busca unas y se las pone, y la muñeca vuelve a funcionar y tú no tienes  ya ningún problema, o tal vez sea que la preciosa pulserita que mama te compro se ha roto, y no eres capaz de hacer un nuevo nudo para atarla, entonces vas a mamá llorando y tu madre con un gesto de amor, el que siempre tendrán en la cara cuando te ocurre algo, te la coge de las manos y te las arregla, y con eso te arreglan el problema. En ese tiempo al parecer no tienes problemas, te lo arreglan todo, porque lo que más vale es que tú no tengas ningún problema. Luego quizás te veas con unos siete, ocho, nueve o diez años, aquella edad en la te vas  interesando poco a poco, por cosas que aparecen nuevas ante tus ojos, y que no sabes bien como encajar, y entonces ante esta inseguridad, ante esta duda, empiezas a preguntar, intentando solo eso, buscar respuestas a estas preguntas que no tienen resueltas en tu cabeza y que cada vez ocupan más sitio, por el deseo de encontrar algo que pueda resolverlas, pero los adultos que te rodean son tan torpes que no saben respondértelas, ¿o tal vez sea que no te la quieren responder? Bueno, a decir verdad, creo que hay de los dos tipos, de los tontos y de los que no quieren responder, antes el miedo de la reacción que pueda ocasionarte la respuesta, por eso callan, y tú te vas aun con la pregunta en la cabeza, pero se va, ese espacio que ocupa tu cabeza no dura ahí ni siquiera un día entero, siempre llega un amigo a buscarte a casa para ir a jugar a la calle, o viene a jugar contigo a casa, gracias a dios puedo decir que he tenido de esos amigos que te quitan esas preguntas de la cabeza. Después de ver pasada ante tus ojos la edad de la preguntas y las imposibles respuestas, te ves mas tal y como eres hoy, te ves con doce años, preocupa por un lio de amor, porque a tu amiga le gusta el mismo chico que a ti, y ni siquiera te das cuenta de que eso no importa nada, porque no es algo que deba ocupar tu cabeza con doce años, pero aun así, tu ya “madurez” al ser “mayor” hace que tengas que adoptar una postura de que sabes enfrentarte a la vida, cuando ni siquiera sabes lo que es, ahora lo piensas y te ríes. Luego ya te miras tal y como estas ahora, te recorres de arriba abajo con un rápido vistazo, y no sabes lo que pensar pero yo lo tengo muy claro, aun nos falta muchísimo camino por recorrer, se que aun casi siempre necesitamos esos brazos cálidos de tu madre o ¿Por qué no también? De tu padre, que aun muchas veces nos resuelven las cosas, ya no con tanta frecuencia, pero a veces puedes verlo con claridad, también nos  vemos en algunas situaciones ingenuos, antes respuestas muchísimo más complejas que las que tenias con diez años, aquellas que al final acabaron por responderse solas, pero aun ingenuo ante alguna cosas y realidades, muchas veces también te ves preguntón por que hay algún interrogante ante tus ojos que no te dejan respirar hasta que lo sabes. Somos iguales, más o menos de algunas cosas, más o menos de otras pero iguales al fin y al cabo, por que cuando tengamos cuarenta años nos recordaremos con dieciséis y diremos que ingenuo y que estúpidos éramos, porque la vida pasa, porque el mundo no tiene la delicadeza de pedirnos perdón por echarnos a un lado para seguir si camino, la vida ni siquiera cuenta contigo para seguir su curso, ella pasa, pasa tan rápido que a veces no te das cuenta de la importancia del tiempo, de todo lo que vale un nanosegundo, de todo lo que vale ese nanosegundo que pasa por tu cabeza…

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