lunes, 1 de julio de 2013

De vez en cuando la vida...


Hoy tengo ganas de hablarle a la vida, o de gritarle, lo mismo me da. Sentarme con ella y que me responda a todos los porqué que se me vienen a la cabeza, que a veces no me dejan concentrarme, que no me dejan pensar en nada más, interrogantes que, solo ella, la vida, me puede responder. Sin embargo, yo no tengo la suerte que tenía Serrat en aquella canción que decía: De vez en cuando la vida, toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla... Me gustaría que al menos por una vez, se sentará en una mesa conmigo, a tomar un café, o simplemente un vaso de agua, que me da igual que este bonita, o que traiga el pelo enmarañado después de una noche loca. Que me gustaría que también me invitará a salir con ella a escena, para entenderla mejor, para que, sin realmente responderme, me diera la solución a muchas de mis preguntas. Como el por qué de su derrota tan fácil con una persona que apenas empieza a vivir, o el por qué de su empeño por dar vida a alguien que ya no la tienen, el por qué de sus retos, esos que hacen que nos caigamos...
A veces pienso, o me gusta pensar, que la vida pasa tanto tiempo actuando que, a veces, entre truco y truco de magia, hace cosas que se salen del guión. Cosas que, en realidad, no deberían estar ahí y para cuando se da cuenta, ya es demasiado tarde, ya es tarde para dar marcha atrás. Se lleva tanto tiempo actuando que ya no sabe ni siquiera cuando la visita la muerte con algunas personas. Me gustaría que me explicara cómo es eso de lidiar a veces con la parca, que decisión toman al final y por qué deciden que esa es la mejor que pueden tomar, si saben lo que hacen, o actúan por instinto, o quizás jugando a piedra, papel o tijeras. Me gustaría que me explicara en qué momento se deja vencer, en qué momento cree que es el momento de su desistimiento.
Pero eso... solo ella me lo puede responder y conmigo, por desgracia, ha decidido no tomar café.


miércoles, 26 de junio de 2013

Felicidad.


Tantas ideas que a veces vienen, tantas ideas que al mismo tiempo se van, que no permiten que se vean reflejadas. La felicidad lo vuelve a uno despistado, egoísta y quizás, por qué no, hace que nos olvidemos de las preocupaciones, de las tristezas... que hace que las ideas se agolpen pero no salgan, porque estoy segura de que si me pongo a buscar las encuentro, pero claro, ¿quién tiene tiempo ahora para ponerse a buscar? estando como estoy entre papeles, delante de un examen o rodeada de unos brazos que me gusta decir que me pertenecen, de besos que se hacen míos...
Una vez leí algo parecido a esto: "No existe el concepto global de felicidad, existe ser feliz cada día, si pensamos en un concepto global de felicidad todo se cae bajo su propio peso" no sé si serán exactamente las palabras, la memoria es traicionera y, en la mayoría de los casos, no podemos fiarnos de ella. La cuestión es que a menudo pienso en esa frase y cada vez más creo que es verdad, que no puede existir un concepto global de felicidad, cada diccionario la define de una manera y cada persona la vive, la siente y la piensa de otra manera completamente distinta. La felicidad, per se, es un término subjetivo, aunque algunos se empeñen en querer hacerlo objetivo, que no joder que no, que la felicidad... ¿quién la define? ¿un diccionario? que no, que a mí me podrán decir lo que quieran, la felicidad para mí está en esos pequeños detalles que marcan la diferencia, en un beso robado, en un abrazo por la espalda, en un una caricia en la base del cuello, en su apoyo incondicional, que para mí la felicidad también está en mi familia, en el té caliente de todas las noches, en las canciones que escucho y me hacen reflexionar, en un gracias verdaderamente agradecido de un vagabundo que te pide comida y le regalas un bocadillo, en los baños en el mar que muy poca gente aprecia, sin saber lo que tienen realmente, en el sabor a sal de lágrimas felices, en sus sonrisas, en las mías, en que me haga reír todos los días, en que me haga olvidarme del mundo, luego volver y darme cuenta de que aunque he estado lejos nada se ha movido del lugar, en las miradas que lo dicen todo sin pronunciar ni siquiera una palabra, en los te quiero y en los te amo que me alimentan cada día y en las palabras, sí... en todas esas palabras que quiero escribir y que a veces, vete a saber por qué, no escribo, no porque no salgan sino porque no encuentro el momento.

Hoy por fin, lo he encontrado, me apetecía decir algo como esto, dejar claro que no podemos creer que todos pensemos que la felicidad es lo mismo, que no  podemos creer que haya un concepto global de felicidad, solo podemos esperar a ser feliz cada día, a alimentarnos de los pequeños detalles que marcan la diferencia día tras día, a vivir sabiendo que no puedes ser feliz según lo que diga una definición, pensar que ser feliz no es cuestión de palabras vacías, sino de momentos de completa plenitud.

domingo, 24 de marzo de 2013

El tiempo que queremos tener y no tenemos o nos sobra.




Hoy atisbo un resquicio de esa inspiración que me falta, quizás porque soy feliz, porque he conseguido encontrar aquello que siempre he buscado, quizás porque necesitaba un poco de terapia de este tipo, un poco de música, una página de word en blanco y las ganas irresistibles de escribir o quizás, simplemente sea por el hecho de que cada vez noto como pasa cada vez más rápido el tiempo, como las cosas van amoldándose al futuro incierto que nos espera, como nos lleva por un camino que tu nunca creíste, pero que sabes que es el mejor para ti. 
Llevo días pensando y, aunque sé que he dicho que el tiempo es un cabrón que nos viola a todos la elección de elegir con que intensidad queremos que pase, me he dado cuenta de que en realidad, no solo el tiempo tiene algo de cabrón, que quizás todos seamos un poco como él, bueno más bien gilipollas en lugar de cabrones, porque según como veamos las cosas, pensaremos que es o no es un cabrón de los que pocos quedan. Porque quizás una hora de clase se le hace a alguien eterno y otro se queda con las ganas de saber más y es que somos también unos tontos midiendo el tiempo, siempre midiéndolo, como si los relojes pudieran marcarlo, como si pudiera decirnos con qué rapidez se va a pasar una semana. Una semana son, según nuestra forma de medición 168 horas, pero... ¿y si para una persona esas 168 horas son como 300, esperando a que alguien se despierte en la cama de un hospital, o que pasa si para un padre que espera que su hijo conozca la luz de este mundo, 1 horas son el equivalente de 4 horas? 
Y es que el tiempo no se puede medir, es un cabrón, sí, porque siempre quiere ir más rápido de lo que queremos o porque a veces va más lento de lo que quisiéramos, pero nosotros somos unos inocentes, esperándonos más de él, que no nos puede dar más que eso, rapidez y en ciertas ocasiones un poco de descanso andando más despacio, que no espera a nadie, que es de esos que no tienen paciencia. Pero hay que aceptarlo, aceptar que crecemos, que cada día somos más mayores que el día anterior y que eso seguirá así durante el resto de nuestras vidas, que estamos corriendo una carrera y que mejor forma de hacerlo que disfrutándola a cada momento, sin dejar que el tiempo se interponga, jugando como mejor sabemos hacerlo, amando, siendo amado, sonriendo y dejando que te sonrían y riendo, siempre riendo. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

¡Feliz 2013!




Querido 2013:
Quería pedirte varias cosas pero supongo que no podrás hacer nada por complacerme en todos los deseos que te pida. Tu antecesor, el 2012, no se ha portado mal. Es cierto que he sufrido por personas, que he considerado amigos a aquellos que no lo eran, que he conocido a personas que me han alegrado la vida y a otras tantas que me la han amargado. También de este año he aprendido una gran lección, que creo que ya he dicho anteriormente: Hay que dejar a un lado a aquellas personas que te dificultan la vida y quedarte tan solo con aquellas que te la facilitan. Es cierto también que ha sido un año de cambios, de muchos cambios, de decidir mi destino según notas que marcan lo que puedo hacer o no y que hubo un tiempo que una sala para estudiar pareció convertirse en mi casa.
Al 2012 le pedí un poco de estabilidad, de paciencia conmigo, porque ahora es cuando empiezo a vivir y que no me fallara, y la verdad, he de decir, que no lo ha hecho. No me ha defraudado en nada, ha sido un buen año, no se puede negar. Sobre todo, porque ha aparecido él.
A ti, mi querido 2013, no te voy a pedir materialidad ni cosas imposibles de conseguir. Te pido que me permitas observar mejor a las personas, conocerlas y saber a quién considerar importantes para mi vida, porque no se puede dejar entrar a cualquiera en ella. Que las que ya lo están, se queden en el mismo sitio, no permitas que nadie los cambie de lugar. Que me des la oportunidad de conocer muchos lugares nuevos y que nunca había visitado. Que me ayudes, aunque ya tengo bastante su ayuda, a aceptarme cada vez más como soy, sin complejos ni quejas. Pasar un año más con todos los que me han acompañado a lo largo de mi vida y de este 2012 que ya dejamos atrás. Y sobre todo, te pediría que me dieras la oportunidad, la increíble oportunidad de seguir junto a él, a su lado. Que sea una parte mucho más indispensable de lo que ya es.
Muchas Gracias por todo 2012, bienvenido 2013. Espero ardientemente que seas un año increíble y fascinante por recorrer.

viernes, 28 de diciembre de 2012

¿Vida puta o puta vida?





La vida es puta, pero eso creo que ya lo había dicho antes. Es una de esas que se ponen en las esquinas con su falda más corta y esperan a que paren coches que le puedan dar dinero a cambio de un rato de falsa felicidad. Es de las que nunca duermen por amor a su trabajo, que siempre está despierta porque cree que es mejor no perder clientes.
Que porque normalmente vayan las cosas mal no significan que siempre vayan a ser de ese modo y que porque ahora la vida vaya de lujo, que crees que has encontrado la verdadera felicidad y no esa que la vida muchas veces ofrece a gente con la necesidad de sentirla, aunque sea falsa y se vaya en un soplido, no siempre seguirá así. Que puede que vuelva a ser una mierda, pero mientras disfruta por ser uno de esos millones de personas a los que la vida les da la oportunidad de ser feliz verdaderamente. La falsa vale tan poco como una sandia transgénica, manipulada genéticamente para que te la puedas comer en pleno mes de febrero, donde te paras a pensar: Este no es el tiempo de la sandía ¿no? Algo falla.
Y es que no hay nada mejor que un mal día con pinceladas de felicidad que te dibujan una sonrisa en la cara. Que la vida es de las putas aficionadas a su trabajo, que no descansan nunca y que si te puede hacer daño o ponerte retos te los pondrá, porque no estamos aquí para ser feliz continuamente, porque no existe un concepto global de felicidad, solo existe ser feliz a ratos, a momentos.
Me alegró de tener esos ratos de felicidad, que últimamente suelen ser continuos, vengan de la persona que vengan, pero si vienen de él mejor.

martes, 25 de septiembre de 2012

Presentación.




Hoy he asistido a la presentación en mi nueva facultad en la que este año y espero que los siguientes impartiré un grado en Criminología y Seguridad. Ha sido un día en el que he podido vivir muchas experiencias, ver la universidad por la que me moveré en estos años y escuchar las palabras que el decano nos dedicaba, no solo de tranquilidad, sino también de fuerzas y ánimos para lo que aun tenemos por delante. Nos ha incitado no solo a estudiar, sino a aprovechar esta oportunidad única  que se nos da y que hoy en día cada vez menos personas pueden compartir.
Me hubiera gustado que en la presentación hubiera alguien como en aquella que vi en un vídeo que alguien me mandó y con el que quedé gratamente satisfecha, en él Steve Jobs, uno de los creadores de Apple, una de las marcas más codiciadas hoy en día, narraba ante los alumnos de Stanford su vida en tres etapas, en tres historias que tituló de manera muy acertada. En la primera hablaba sobre unir puntos y en ella narraba su infancia y madurez, y como a través de una serie de puntos pudo encontrar la relación de su infancia con su madurez y juventud, enseñándonos una gran lección: debemos hacer todo lo que creamos importante puesto que nadie nos dice que lo que hagamos no lo podamos unir en el futuro con algún punto de este. En la segunda historia tuvo el placer de hablarles sobre el amor y la perdida. Con sus palabras nos adviertió de algo: las pérdidas pueden convertirse en ganancia. Nos da fuerza para que no nos cansemos de buscar aquello que realmente nos apasiona, aquello que realmente amamos, tanto laboral como sentimentalmente y nos recalca que cuando lo encontremos lo sabremos. Su tercera y última historia es sobre la muerte y con una fortaleza y vitalidad increíble es capaz de contarnos su experiencia con la parca, lo cerca que la vio y hasta qué punto llegó a pensar que había llegado su hora después de que le detectaran un cáncer del que al final salió ileso tras una intervención. Un año después estaba allí, con salud y con la experiencia más cercana a la muerte que había tenido nunca. Nos señala que aunque no lo queramos admitir todos le tenemos miedo a ese momento de la vida que a todos nos ataca y que nadie quiere abandonar este mundo y nos infunde la duda de que quizás la muerte es el mejor invento de la vida, porque retira lo viejo para dejar paso a lo nuevo.
Su discurso acabó con una frase que recomienda, siempre tengamos presente: seguid hambrientos, seguid alocados.
Tal vez sea un poco complicado pero trataré de hacerle caso. Resultará difícil, hoy en día no es mejor lo que amas, si no lo que da dinero, no es mejor lo que quieres, si no lo que te conviene. Por eso creo que en una sociedad tan sobrevalorada materialmente se necesita un poquito de honestidad, de honradez. Aprendamos a buscar aquello que nos apasiona y seguro seremos recompensados. Para que podamos decir que lo que hicimos nos ha ayudado a llegar a donde estamos.

Seguid hambrientos, seguid alocados.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Toda una vida.








He empezado a aprender hace poco tiempo y aun me falta muchísimo tiempo para hacerlo. Es cierto que este último a veces pasa más rápido de lo que quisiéramos, que a veces nos ahoga, que no nos deja respirar, que corre demasiado deprisa y que no te pide permiso ni siquiera para meterse en tu vida. Que es un capullo de los que hoy en día abundan pero al que no debemos tener miedo.
He aprendido mucho en poco tiempo, es lo que tiene el verano, eso de la libertad la mayoría de las veces, del trabajo en muchas tantas, pero de los momentos para madurar en todas ellas.
Y ya noto como pasa, como se va a cada segundo, como se marcha de nuevo, para dejarnos ante otros nueve meses. Para muchos habrá lo mismo, para otros cambiará todo. Habrá nuevas personas, nuevas oportunidades y aprenderemos a conocer y a reconocer.
Yo en poco tiempo he sabido conocer y reconocer bastante, tanto que ahora parece que tengo las ideas bastante claras. En dos meses he conocido a muchos tipos de personas, las que te hacen reír, las que te hacen sonreír, las que te hacen llorar, las que te alegran el día, las que te acompañan, las que te valoran, las que te aprecian, las que te ayudan, las que hacen todo por verte, las que no hacen nada, las que ni vienen ni van, las que vienen para quedarse, las que se fueron y volvieron, las que siempre se quedaran, las que se irán para no volver, las que sabes que volverás a ver, porque te lo dice algo, aunque no sepas bien qué. He reconocido a muchas en ese tipo de personas pero sobre todo he aprendido a diferenciar entre dos. Aquellas que te dificultan la vida y aquellas que te la facilitan. Olvida a las que te la dificultan, quédate con las que te la facilitan.
La vida resulta corta y aburrida cuando no la vivimos como queremos, por eso ahora sé que debo vivirla de la mejor manera que pueda, disfrutarla y compartirla, pero solo con quien yo quiera y este verano he conocido a varias personas que se han puesto entre las que me gustaría compartirla.

Gracias.